Por fuera lo tenía todo. Por dentro estaba vacío.
Esta no es una historia de éxito. Es una historia de búsqueda.
Tenía tres años
Estábamos en un mirador. Uno de esos sitios tan bonitos que parece que ahí no puede pasar nada.
Un conductor borracho nos atropelló. Mi tío Miquel murió. Mi padre desapareció tres días en el agua. Yo sobreviví.
De aquello no me quedan recuerdos. Pero marcó todo lo que vino después.
Después de más de treinta años volví a aquel lugar. Tan bonito, y para mí imposible de mirar sin recordar lo que nunca debería haber pasado. A la memoria de Miquel Mena.
Para merecer amor
Después de aquello, mi padre ya no fue el mismo. Siempre ha sido una persona extraordinaria, pero crecí sintiendo que faltaba algo. No percibía demasiado amor.
Y mi mente de niño sacó su propia conclusión: tenía que ser perfecto para merecer que me quisieran.
Eso me marcó durante años. Autoexigencia constante. Sensación de no ser suficiente. La necesidad de hacerlo todo bien, siempre.
Como si una parte de mí quisiera hacerlo todo perfecto.
El niño que decidió que tenía que ser perfecto.
Buscando fuera
De joven busqué la salida donde se suele buscar. Estrellé el coche. Salí mucho de fiesta.
Pero nunca me sentí cómodo con el ambiente, el alcohol y los excesos. Algo dentro de mí sabía que por ahí no era.
Buscaba fuera una calma que solo podía venir de dentro.
El que funcionaba
Estudié ingeniería informática. Conseguí un buen trabajo. Construí una carrera estable durante más de diez años como desarrollador de software.
Era el responsable. El que llegaba el primero y se iba el último, el que decía que sí a todo y sostenía los marrones de los demás. Me había creído que mi valor estaba en cuánto era capaz de aguantar.
Por fuera, bien. Por dentro, algo no encajaba.
Más de diez años construyendo la vida que se suponía correcta.
Avisó antes que la mente
Mi cuerpo empezó a avisar mucho antes de que yo quisiera escuchar. Al principio lo tapé con café, con más horas, con un «ya descansaré».
Problemas de estómago que no se iban. Una gastroscopia. Un cansancio que no se arreglaba durmiendo: me levantaba ya agotado.
Una tristeza de fondo, sin motivo aparente. Y lo más raro de todo: una desconexión total de un trabajo que, sobre el papel, era perfecto. Dejé de sentir. Funcionaba en automático.
Eso tiene nombre, aunque tardé años en ponérselo: burnout.
Dejé de negarlo
A todo aquello se sumó una situación familiar bastante complicada que tuve que sostener. Estrés constante. Cansancio mental.
Un día paré de fingir que se aguantaba. Salí de la empresa.
No fue valentía. Fue que ya no me quedaba otra. Y ahí empezó el cambio.
Elegante, pero huida
Invertí más de 20.000 euros en emprender. Monté una empresa de desarrollo y otra de inteligencia artificial. Las dos funcionaron. Entró dinero.
Y aun así, seguía vacío. Lo cerré todo.
Porque el dinero nunca fue el problema. El problema era seguir construyendo una vida que no tenía nada que ver conmigo.
Emprender
Dejar de huir de mí
Fue entonces cuando empecé a estudiar en serio qué me había pasado. No desde la autoayuda de frases bonitas —eso ya lo había probado y no me sirvió—, sino desde lo que de verdad explica el burnout.
Y no llegué con los brazos abiertos. Soy ingeniero: tengo una mente lógica, que necesita que las cosas cuadren, y necesitaba entender el mecanismo antes de creérmelo. Por eso hoy conecto bien con quien, como yo entonces, no se fía de nada que no tenga método detrás.
Entendí que el burnout no es debilidad ni falta de aguante: es un sistema nervioso en alarma crónica y un cuerpo que llevaba años avisando. Que la culpa, la autoexigencia y la desconexión tenían una explicación, y también una salida concreta.
Por primera vez no se trataba de cambiar lo de fuera. Se trataba de dejar de huir de mí mismo y mirar de frente lo que estaba pasando dentro.
Y ahí, despacio, empezó la paz.
Herramientas
No bastaba con haberlo vivido
Pero acompañar a otros no se improvisa. Si iba a hacerlo, tenía que formarme en serio.
Máster en psicoterapia con Jorge Carrasco, formación en el Enric Corbera Institute, en el Instituto de Desarrollo Interior y en reprogramación mental con Víctor de la Cruz.
Experiencia real y método. Las dos cosas, o no funciona.
Lo que hago ahora
Hoy acompaño a personas que están justo donde yo estuve. Profesionales que por fuera mantienen el control y por dentro viven en guerra constante. Los que lo han conseguido todo y aun así se sienten vacíos.
Mi trabajo no es darte una palmada en la espalda ni consejos bonitos. Es ir al origen de lo que se repite y ordenarlo desde dentro, con un método con base clínica y herramientas concretas que puedes aplicar desde el primer día.
En sesiones individuales y en procesos más profundos como el Programa Penumbra, donde te acompaño de la oscuridad a la luz, paso a paso.
No para que te sientas mejor un rato. Para que veas con honestidad lo que te tiene atrapado, entiendas de dónde viene y elijas otra forma de vivir.
La vida que sí tiene que ver conmigo.
Quienes ya han hecho el camino
Si te has reconocido en algo de esto, no es casualidad.
Es una parte de ti reconociéndose. Si sientes que algo dentro de ti quiere cambiar, bienvenido, bienvenida.
Quiero trabajar contigo— Marc
